El tuit de la discordia

El tuit de la discordia.

Mis tuits (o pensamientos) son demasiado genéricos y entiendo que no todo el mundo los pueda entender. Si en uno de ellos, por poner un ejemplo, hablo de que lo más importante en la vida es la familia, pues comprendo que a quien no tenga familia le pueda molestar. Aunque, normalmente, intento poner la coletilla en cada frase para dar cabida a los casos más extremos: si no tienes familia, paciencia, algún día la tendrás. Mi intención, y esto lo saben quienes me siguen en las redes sociales y han leído mis libros, es poner un granito de ilusión, porque es la ilusión la fuente primordial para generar fuerzas y poder así, dirigirnos a nuestros objetivos. Que a veces me equivoque, pues claro que me equivoco, como todo humano. Que no lo hago con mala intención, eso es algo que vosotros ya lo sabéis. Que no me cuesta pedir perdón cuando alguien se ofende, pues tampoco. El otro día le pedí disculpas a un chico que me dijo que él no tenía familia. “Lo siento, ánimo” fue mi respuesta.

Pero lo que me ha pasado este fin de semana es algo que ha superado con creces la razón de ser Espíritu González. En los seis años que llevo dándole ánimos a los opositores a las fuerzas y cuerpos de seguridad, y a otras muchas más personas que opositan a otras ramas, o simplemente les gusta que les acompañe con mensajes positivos (ojo, no siempre, que la vida no es de color rosa y eso también lo recuerdo a menudo); os decía que en este tiempo pues me he cruzado con personas que me han insultado, que me han faltado el respeto, que odian a la policía, que me han amenazado; pero claro, es que este es el riesgo de las redes sociales, y uno entiende que hay que estar preparado para esto y saber esquivar a las personas tóxicas, a los antisistema, en definitiva a las personas que no se soportan ni a ellos mismos.

El sábado escribí este tuit con la intención de siempre, la de intentar motivar a mis seguidores.

A los míos, a los que luchan por un sueño, a los que se esfuerzan cada día para ser policías o guardias civiles, el tuit les gustó. Y si no les gustó, al menos lo entendieron. No, no es un sueño ser opositor, como muchas personas me contestaron. Yo tampoco dije eso. Pero sí que pueden sentirse afortunados aquellos que están en la línea de salida para optar a ser policías. Y lo son porque hay muchos chavales que desde pequeños han soñado con ser policías y por distintas circunstancias no han cumplido los requisitos exigidos en las bases para poder participar en la oposición. Quienes han leídos mis libros saben perfectamente que el sueño a ser policía comienza el mismo día que uno decide preparase para ello. Y uno, cuando decide prepararse, comienza por ser opositor. Así que a todos aquellos que se han ofendido por intentarle darle ánimos diciendo que hay que intentar disfrutar la oposición, hoy les tengo que decir que no van a aprobar. Y no van a aprobar porque están amargados. Porque cuando uno está amargado termina por abandonar. De ahí la importancia de la motivación. Aunque algunos nos llamen vende humos. Aún están a tiempo de rectificar y cambiar de actitud.

Yo nunca me he considerado mejor que nadie. Siempre he luchado y seguiré luchando por superarme a mí mismo. Pero estos días me estoy dando cuenta de la gran labor que hago con los futuros miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Todos, o en su mayoría, comportándose con educación y respeto, luchando con ilusión por un sueño.  Y me he dado cuenta porque por algún motivo (casual o no) este tuit se convirtió en viral (los peligros de las redes) y cayó en mano de unas cuentas de opositores a jurídica y a magisterio, donde al parecer se esconcen algunos “haters (enemigos o personas que fomentan el odio)”, antisistema, en definitiva, personas cuya foto de perfil son una bandera o una foto de un mono de la botella de anís; que decidieron insultarme y hasta me amenazaron con matarme o darme “un par de hostias bien dadas” por flipado. Y a estos, pues desde luego no me iba a molestar en contestarle. En realidad sí le contesté, con la mayor educación, a uno de ellos. Pero hay otros tantos que me han dejado perplejo con sus respuestas. Por partes: a los opositores a jueces que me han insultado y han retirado sus tuits tras leer mi perfil, le agradezco que los hayan borrado, aunque me he quedado con un pantallazo de todos para tenerlos de recuerdo. Me sorprende que haya personas que se preparen para algo con tanta responsabilidad como puede ser dictar sentencias y caigan tan bajo en decirle gilipollas a un hombre que solo trata de tenderle la mano (aunque lógicamente mi tuit no fuera para él). Soy consciente de que una oposición a Justicia debe ser de lo más dura, y como todos cometemos fallos, pues le agradezco que haya borrado el tuit aunque no se haya disculpado. Lo que más me sorprende, y esto sí que me preocupa, es de la cantidad de profesores interinos que están dándole clases a nuestros hijos, y lo hacen amargados. A esa profesora de química que se ha ensañado conmigo, le digo que ojalá mis hijos no caigan en sus manos, porque con la tristeza que lleva encima, en vez de la tabla periódica, le va enseñar a matarse a pellizcos, como decía otra amiga en referencia de lo que era opositar (¿un suicidio opositar?). Aunque siempre estarán a tiempo de cambiar aprendiendo algunos valores con los libros de Espíritu González. Le aseguro que ganarán ilusión y lo que más les falta, confianza en ellos mismos.

Pues sí, así está la cosa: martes, tres días han pasado, y aún siguen faltándome el respeto por este tuit, “el tuit de la discordia”. Por eso yo me quedo con los míos, con los opositores que se preparan a las fuerzas y cuerpos de seguridad. Como me contestaba ayer desde la cuenta @policiasSpain “no es lo mismo preparase para ser funcionario que para ser policía”. Pero no creo que sea así, sé que hay muchos opositores a otras ramas que se preparan con una actitud positiva. También me quedo con todas aquellas personas que luchan por sus sueños y que están conmigo para aprender, a la vez que yo, un poquito más de esto que es la vida. Una vida que pasa rápida, una vida que pasa mejor con una sonrisa y un ápice de esperanza cada día.

 

Lo que no pesa de la balanza:

 

Y lo que de verdad pesa en la balanza:

 

 

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