Se puede nacer con vocación, y se puede descubrir más adelante

Se puede nacer con vocación, y se puede descubrir más adelante. Primera parte.

Desde que publiqué mi primer libro he crecido con mis lectores. Entre ellos he descubierto a un grupo de jóvenes y de adultos que se han ganado con creces todos mis respetos, hasta el punto que he empezado a sentir admiración por su tesón. Son aquellos que nacieron o se desarrollaron con un gen especial llamado «vocación». Mujeres y hombres que en muchos casos maduraron antes que los demás, y que desde muy temprana edad tuvieron claro en qué querían convertirse cuando llegara su futuro. El paso del tiempo sirvió para que sus ideas se vieran reforzadas. Las personas vocacionales están dotadas de ciertas habilidades para desarrollar sus funciones con mayor voluntad que el resto. No se rinden tan fácilmente ni siquiera después de haber conseguido cumplir sus sueños. Gracias a estos años que llevo dedicando a la escritura, he podido conocer de cerca a personas que tienen la necesidad de ayudar a los demás. Pero no solo policías u opositores; también bomberos, médicos, voluntarios de fundaciones que ayudan a los niños con cáncer; hasta curas he tratado de cerca.

Aunque no todos somos conscientes de ser portadores del gen de la vocación. En muchas ocasiones, este permanece latente en el interior del ser humano hasta que un acto reflejo, una casualidad (quizás no tan casual) o el propio devenir de la vida, provocan que se despierte. Y esto puede ocurrir en cualquier etapa, incluso en la más adulta. Nunca es tarde. Tal vez usted sea de los que lo tienen claro o tal vez no, y es usted de los que se está preparando para ser policía teniendo la cabeza llena de incertidumbres. A pesar de esas dudas, también es probable que sea portador del gen. O si no, ¿por qué quiere serlo? Lo entenderá más adelante.

Se puede nacer con vocación, y se puede descubrir más adelante.

 Es muy importante que no confundamos entre lo que es tener vocación y lo que es «gritar» o creer que se tiene (que no quiero decir que no se tenga). Las personas con vocación real no presumen por ello ni pierden el tiempo discutiendo sobre su futuro; demuestran su voluntad con esfuerzo y dedicación. No les preocupa lo que otros puedan correr; les preocupa lo que ellos pueden llegar a correr. Con esfuerzo y con constancia luchan por sus sueños, y no se sienten superiores a los demás. Tampoco se dan golpes en el pecho mientras gritan: —Yo tengo vocación. Yo sí que me lo merezco. Esto es decir, no demostrar.

Las personas a las que la vocación por servir y ayudar a los demás les corre por las venas demostrarán ante todo educación y compañerismo, dando relevancia a los valores de responsabilidad, respeto y humildad, convirtiéndose en un ejemplo a seguir para el resto. De no ser así, mucho me temo que la vocación solo es fruto de la imaginación.

«Responsabilidad, respeto y humildad», tal vez las tres palabras más hermosas de este libro. Los valores que presiden el alma del ser humano; las actitudes que hacen más grande a una persona. No podemos olvidar que no duerme mejor el que más tiene, sino el que más en paz se siente consigo mismo. Para cumplir un sueño se debe crecer más por dentro que por fuera.

 No te fijes en otros, que si corren más, que si saben mejor el temario… Tú a lo tuyo: tus estudios, tus entrenamientos… tus sueños.

 

Lo que acabas de leer es un fragmento del capítulo “Cuando la vocación corre por las venas” del libro Crecer para ser. 

Crecer para ser se adquiere exclusivamente en esta web (pincha sobre la foto). Todos los ejemplares (incluido De patrulla con Filípides y Del sueño a la meta) se envían con una pulsera de regalo. Los 2000 primeros lectores de Crecer para ser recibirán una placa/pin como promoción de lanzamiento.  

 

“La llave para cumplir tu sueño”. Próxima conferencia motivacional de Espíritu González: 29 de junio en Málaga.

 

 

 

 

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